“El Caballero de la Armadura Oxidada” (1987) – Robert Fisher

El Caballero de la Armadura Oxidada.jpg

Hoy les voy a dejar el resumen de un gran clásico.

Su autor, Robert Fisher, fue un autor estadounidense de origen judío. Escribió guiones de comedia en el cine, de obras de teatro , musicales y de libros de motivación y auto-ayuda.

¡Espero que lo disfruten!

 

1987 – El Caballero de la Armadura Oxidada – Robert Fisher

1. El Dilema del Caballero

Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Durante años, el caballero se esforzó en ser el numero uno del reino. El siempre se encontraba preparado para montar el caballo y partir en cualquier dirección.

Un día su esposa, Julieta, se enfrentó a su marido: – Creo que amas mas a tu armadura de lo que me amas a mi.

Continuar llevando la armadura no valía la pena si por ello había de perder a Julieta y a su hijo, Cristóbal.

Ya que por sus propios medios no podía sacársela, decidió ir hacia la tienda del herrero.

Herrero – dijo el caballero -, tengo un problema.

– Sos un problema, señor -dijo socarronamente el herrero, con su tacto habitual.

A pesar de sus intentos el herrero no pudo sacarle la armadura. El caballero se sintió muy turbado. El era, con mucho, el hombre mas fuerte del reino. Si el no podía sacar al caballero de su armadura, ¿Quien podría?

Ahora que lo pensaba, su armadura no le dejaba sentir apenas nada, y la había llevado durante tanto tiempo que había olvidado como se sentían las cosas sin ella.

Al caballero le dolió en el alma que su mujer pareciera no amarlo mas. También temía que, si no se quitaba la armadura pronto, Julieta y Cristóbal realmente se marcharían. Tenia que quitarse la armadura, pero no sabia como.

En algún lugar debe de haber alguien que me pueda ayudar a quitarme esta armadura. – Pensó.

Al salir de la provincia, el caballero se detuvo para despedirse del rey. Al cruzar el puente levadizo y entrar en el patio, el caballero vio al bufón sentado con las piernas cruzadas, tocando la flauta.

El bufón llamado “Bolsalegre” (porque llevaba sobre su hombro una bolsa con los colores del arco iris), le dijo:

Sois una imagen triste de ver. Ni con todo vuestro poder, vuestra situación podéis resolver.

Con una clara y lírica voz, el bufón canto:

A todos, alguna armadura nos tiene atrapados. Solo que la vuestra ya la habéis encontrado.

– Hay alguien que puede ayudaros, caballero, a sacar a la luz vuestro yo verdadero. Tenéis que ver al Mago Merlín, así lograreis ser libre al fin.

2. En los bosques de Merlín

No fue tarea fácil encontrar al astuto mago. Después de meses de buscar en vano el caballero estaba bastante desanimado.

Una mañana, se despertó sintiéndose mas débil de lo normal y un tanto peculiar. Aquella misma mañana se encontró a Merlín.

– Te he estado buscando – le dijo al mago – . He estado perdido durante meses.

– Toda tu vida – lo corrigió Merlín, mordiendo una zanahoria y compartiéndola con el conejo mas cercano.

El caballero se enfureció.

No he venido hasta aquí para ser insultado.

– Quizá siempre te tomaste la verdad como un insulto – dijo Merlín, compartiendo la zanahoria con alguno de los otros animales.

Al caballero tampoco le gusto mucho este comentario, pero estaba demasiado débil de hambre y sed como para subir a su caballo y marcharse. Merlín le miró con compasión.

Sos muy afortunado –comento -. Estas demasiado débil para correr.

Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo.

– Bebe esto. – Le ordenó.

El caballero se encogió de hombros y sorbió el liquido por la caña. Los primeros sorbos le parecieron amargos, los siguientes mas agradables, y los últimos tragos fueron bastante deliciosos.

¿Que es? – Pregunto el caballero.

Vida.

¿Vida?

Si – dijo el sabio mago -. ¿No te apareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustabas, no la encontrabas cada vez mas apetecible?

El caballero asintió.

– Los últimos tragos estaban deliciosos.

Eso fue cuando empezasteis a aceptar lo que estabais bebiendo.

¿Estas diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta? – pregunto el caballero.

– ¿Acaso no es así? – replico Merlín.

– ¿Esperas que acepte toda esta pesada armadura?

– Ah – dijo Merlín – no naciste con esa armadura. Te la pusiste vos mismo.

– No entiendo – dijo el caballero.

Eso se debe a que intentáis comprender con la mente, pero vuestra mente es limitada.

– Tengo una mente muy buena – le discutió el caballero.

E inteligente – añadió Merlín. Ella te atrapo en esa armadura.

– Una vez dijiste que me había puesto esta armadura porque tenia miedo.

– ¿No es eso verdad? – respondió Merlín.

No, la llevaba para protegerme cuando iba a la batalla.

– Y temías que te hirieran de gravedad o que te mataran – añadió Merlín.

¿Acaso no lo teme todo el mundo?

Merlín negó con la cabeza.

¿Y quien os dijo que tenias que ir a la batalla?

– Tenia que demostrar que era un caballero bueno, generoso y amoroso.

– Si realmente eras bueno, generoso y amoroso, ¿porque tenias que demostrarlo? – pregunto Merlín.

¿Podría ser –dijo en voz alta a nadie en particular – que yo no fuera bueno, generoso y amoroso?

– Merlín – dijo – Tengo que salir de aquí. He empezado a hablar con ardillas.

– Esplendido – replico el mago.

¿Como que esplendido? ¿ Que querés decir?

– Simplemente eso. Te estáis volviendo lo suficientemente sensible como para sentir las vibraciones de los otros. No hablaste con la ardilla con palabras, sino que sentiste sus vibraciones, y tradujiste esas vibraciones en palabras. Estoy esperando el día en que empieces a hablar con las flores.

¡Tengo que salir de estos bosques!

¿Adonde irías?

Regresaría con Julieta y Cristóbal. Han estado solos durante mucho tiempo. Tengo que volver y cuidar de ellos.

¿Como podes cuidar de ellos si ni siquiera podéis cuidar de vos mismo? -Pregunto Merlín.

3. El Sendero de la Verdad

Merlín le recordó al caballero su nuevo propósito: liberarse de la armadura.

¿Cuando fue la ultima vez que sentiste el calor de un beso, oliste la fragancia de una flor, o escuchaste una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?

Ya ni me acuerdo –murmuro el caballero con tristeza.

No podes continuar viviendo y pensando como lo hiciste hasta ahora dijo Merlín. Fue así como quedaste atrapado en ese montón de acero al principio.

– El mago señalo hacia un sendero.

Parece una escalada difícil – observo el caballero.

Ese – dijo Merlín asintiendo – es el Sendero de la Verdad. Se vuelve mas empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.

No estoy seguro de que valga la pena. ¿Que conseguiré cuando llegue a la cima?

Se trata de lo que no tendrás explico Merlín – ¡Tu armadura!

Esta bien –dijo con resignación -. Probare el Sendero de la Verdad.

Merlín asintió.

Tu decisión de transitar un sendero desconocido, teniendo que cargar con una pesada armadura, requiere mucho coraje.

No tendrás que viajar solo – le dijo Merlín – Ardilla y Rebeca te acompañaran.

Mientras caminaban por el sendero, el mago saco una exquisita llave dorada de su cuello y se la dio al caballero.

Esta llave abrirá las puertas de los tres castillos que bloquearan vuestro camino. El primer castillo se llama Silencio; el segundo Conocimiento y el tercero Voluntad y Osadía. Una vez hayas entrado en ellos, encontraras la salida solo cuando hayas aprendido lo que fuiste a aprender.

El caballero suspiro profundamente mientras contemplaba la empinada y estrecha senda. Presintió que este viaje seria mucho mas difícil que una cruzada.

Si –afirmo – , es una batalla diferente la que tendrás que librar en el Sendero de la Verdad. La lucha será prender a amarte. Empezaras por aprender a conocerte. Esta batalla no se puede ganar con la espada, así que la tenes que dejar aquí.

A la mañana siguiente le despertó el Sol cayendo sobre sus ojos. La luminosidad le molestaba. Su visera nunca había dejado pasar tanta luz. Hizo un esfuerzo por sentarse y, de repente, se dio cuenta de que podía ver mucho mas que el día anterior, que podía sentir la fresca brisa en sus mejillas.

¿Como habrá sucedido – se pregunto.

¡Eso es! –grito -. ¡Las lagrimas de auténticos sentimientos me liberan de la armadura!

– El Castillo del Silencio esta justo detrás de la próxima subida. – dijo Ardilla.

Emocionado ante la idea de ver el castillo, el caballero apuro el paso. Llego a la cima del monte sin aliento. Era verdad, el castillo se veía a lo lejos, bloqueando el sendero por completo. El caballero le confeso a Ardilla y Rebeca que estaba decepcionado. Había esperado una estructura mas elegante.

Rebeca rio y dijo:

Cuando aprendas a aceptar en lugar de esperar, tendrás menos decepciones. Los animales aceptan y los humanos esperan.

El caballero pensó en esto: No recordaba a ninguna persona que fuera feliz simplemente por ser persona.

4. El Castillo del Silencio

Entro en la enorme antesala del castillo y miro a su alrededor. Solo vio el fuego que ardía en una enorme chimenea de piedra en uno de los muros y tres alfombras en el suelo.

El caballero pronto se dio cuenta de dos cosas: primero, parecía no haber ninguna puerta que lo condujera fuera de la habitación, hacia otras áreas del castillo. Segundo, había un extraordinario y aterrador silencio.

El caballero se giro y se sorprendió al ver al rey aproximarse desde una esquina lejana de la habitación.

– ¡Rey! – dijo con la voz entrecortada-. ¿Que estas haciendo aquí?

– Lo mismo que vos, caballero: buscando la puerta.

El caballero miro a su alrededor otra vez.

No veo ninguna puerta.

Uno no puede ver realmente hasta que comprendedijo el rey -. Cuando comprendas lo que hay en esta habitación, podrás ver la puerta que conduce a la siguiente.

La mayoría de la gente esta atrapada en su armadura –declaro el rey.

¿Que querés decir –pregunto el caballero.

Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir.

Permanecer en silencio es algo mas que no hablar – dijo el rey -. Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba solo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder. Uno debe estar solo para poder dejar caer su armadura.

Ahora debo irme.

– ¿Adonde vas?

– La puerta que lleva a la siguiente habitación esta en la pared mas lejana. La vi, por fin, cuando vos entrabas –dijo el rey.

¿Que querés decir con que por fin la viste? ¿No recordabas donde estaba, de las otras veces que estuviste aquí? -pregunto el caballero, sin comprender porque el rey continuaba viniendo.

Uno nunca acaba de viajar por el Sendero de la Verdad. Cada vez que vengo, a medida que voy comprendiendo cada vez mas, encuentro nuevas puertas.

– ¿Hay algún consejo que me puedas dar antes de irte?

El rey lo pensó un momento, y luego respondió:

Esto es un nuevo tipo de cruzada para vos, querido caballero: requiere mas coraje que todas las batallas que conociste antes. Si logras reunir las fuerzas necesarias y quedarte para hacer lo que tenia que hacer sera tu mayor victoria.

Después de un rato, se sentía mas deprimido que nunca. Para animarse, canto un par de canciones de batalla.

A medida que su voz se fue cansando, la quietud comenzó a ahogar su canto, envolviéndolo en el silencio mas absoluto. Solo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabia: tenia miedo de estar solo.

En ese momento, vio una puerta en la pared mas lejana de la habitación. Fue hasta ella, la abrió lentamente y entro en otra habitación. Esta otra sala se parecía mucho a la anterior, solo que era mas pequeña. Cambien estaba vaciá de todo sonido.

Para pasar el tiempo, el caballero comenzó a hablar consigo mismo. Habló de como era de pequeño. Como en aquel entonces los libros eran manuscritos de los monjes, había pocos y, muy pronto, los hubo leído a todos. Fue entonces cuando comenzó a hablar con todo aquel que pasaba delante de el. Cuando no había con quien hablar, hablaba consigo mismo, igual que ahora. Se encontró diciendo que había hablado tanto durante toda su vida para evitar sentirse solo.

Supongo que siempre he tenido miedo de estar solo.

Mientras pronunciaba estas palabras, otra puerta se hizo visible. El caballero la abrió y entro en la siguiente habitación.

Se sentó en el suelo y continuo pensando. Al poco rato, le vino el pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Y entonces apareció otra puerta. Llevaba a una habitación. aun mas pequeña que las anteriores.

Animado por su progreso, el caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedo quieto y escucho el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, no había escuchado realmente a nada ni a nadie. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, habían estado siempre ahí. Pero en realidad nunca los había oído. Tampoco había oído. a Julieta, cuando ella intentaba decirle como se sentía; especialmente cuando estaba triste.

Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero. Su propio dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también.

El caballero lloro tanto que las lagrimas se derramaron por los agujeros de la visera y empaparon la alfombra que había debajo de el. El caballero se habría ahogado si no fuera porque en ese instante apareció otra puerta.

Entro en una habitación. que no era mucho mayor que el establo de su caballo.

Me pregunto porque las habitaciones son cada vez mas pequeñas –dijo en voz alta.

Una voz replico:

Porque te estas acercando a vos mismo.

La voz parecía venir de dentro de mi mismo. ¿Era eso posible?

Si, es posible –respondió la voz -. Soy tu yo verdadero.

– He estado aquí durante años –replico la voz -, pero esta es la primera vez que estas lo suficientemente silencioso como para oírme.

No puedo llamarte yo. Me confunde.

– Esta bien. Llamame Sam.

Luego se le cerraron los ojos mientras se sumergía en un profundo y dulce sueño.

Cuando despertó, no sabia donde estaba. Tan solo era consciente de si mismo. El caballero abrió mas los ojos y se sentó. Miro a su alrededor sorprendido. Sin lugar a dudas, se encontraba sobre el Sendero de la Verdad, al otro lado del Castillo del Silencio.

El caballero se rascó la cabeza, pero tardo un momento en darse cuenta e que en realidad se estaba rascando su propia piel. ¡Su yelmo había desaparecido!

¿Como puede haberse oxidado todo un yelmo en una noche?

– No estuviste solo una noche en el castillo.

– Entonces, ¿durante cuanto tiempo?

– Pues permaneciste en el castillo durante mucho, muchísimo tiempo –afirmó Rebeca.

Como me conozco, puedo conocerte. Somos todos parte el uno del otro. – Le dijo Merlin.

El caballero pensó un momento.

Estoy empezando a entender. ¿He podido comprender el dolor de Julieta porque soy parte de ella?

– Si- respondió Merlín -. Por eso pudiste llorar por ella y por vos mismo.

Entonces, ¿lo oí realmente? ¿No fue solo mi imaginación?

Merlín soltó una risita ahogada.

– No, Sam es real. De hecho, es un yo mas real que el que has estado llamando yo durante todo estos años. Estas empezando a oír a vuestro yo verdadero. Por esta razón el tiempo transcurrió sin que te dieras cuenta.

5. El castillo del conocimiento

Era el castillo mas grande que el caballero hubiera visto jamas, incluso mayor que el que el caballero se había construido.

En ese preciso momento, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Sam.

El castillo del Conocimiento fue diseñado por el propio universo: la fuente de todo conocimiento.

El caballero tomo la llave que colgaba de su cuello e hizo girar la cerradura. Al abrir la puerta, le pregunto a Rebeca y a Ardilla si se irían como lo habían hecho en el Castillo del Silencio.

No –replico Rebeca -. El silencio es para uno; el conocimiento es para todos.

Los 3 atravesaron la puerta y penetraron en una oscuridad tan densa que el caballero no podía ver ni su propia mano.

El caballero tanteo el camino hacia donde se encontraba Ardilla (que lo llamaba), y vio que estaba señalando una inscripción que brillaba en la pared:

El conocimiento es la luz que iluminara vuestro camino”

Sam hablo: Significa que mientras mas cosas sepas, mas luz habrá en el interior del castillo.

– ¡Apuesto a que tiene razón, Sam! –exclamo el caballero. Y un rayo de luz se filtro en la habitación.

En ese preciso momento, Ardilla volvió a llamar al caballero para que se reuniera con ella. Había encontrado otra brillante inscripción grabada en la pared:

¿Confundiste la necesidad con Amor?”

El caballero sabia que amaba a Julieta y a Cristóbal, aunque tenia que admitir que había amado mas a Julieta antes de que le diera por ponerse bajo los toneles de vino y vaciar el contenido en su boca.

Sam dijo:

Si, amabas a Julieta y a Cristóbal, pero, ¿no los necesitabas también?

Había necesitado toda la belleza que Julieta le añadía a su vida con su inteligencia y su encantadora poesía. También había necesitado las cosas agradables que ella solía hacer, como invitar amigos para que lo animaran, después de que se quedo atrapado en su armadura.

Recordó su aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de un castillo a otro, y como se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo por causa de la armadura.

¿No fue entonces cuando Julieta comenzó a ponerse bajo los toneles de vino? – pregunto Sam suavemente.

El caballero asintió, y las lagrimas brotaron de sus ojos. Después, se le ocurrió algo espantoso: no había querido culparse de las cosas que hacia. Abia preferido culpar a Julieta por todo el vino que bebía. De hecho, le venia bien que ella bebiera, así podía decir que todo era por su culpa, incluyendo el hecho de que el estuviera atrapado en la armadura.

Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: ¡ Había necesitado el amor de Julieta y Cristóbal porque no se amaba a si mismo! De hecho, había necesitado el amor de todas las doncellas que había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas porque no se amaba a si mismo.

El caballero lloro aun mas al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.

Al admitir esto, una hermosa y resplandeciente luz brillo a su alrededor, allí donde antes había oscuridad.

A mediad que sus lagrimas se fueron secando, fue notando la luz que había a su alrededor. Era distinta que cualquier luz que hubiera visto antes.

Cuando el caballero se dispuso a continuar, Rebeca apareció volando desde la oscuridad.

¡Mira lo que te voy a mostrar!

El caballero tuvo una decepción.

Es solo un viejo espejo – dijo impaciente-

– No es un espejo corriente -insistió Rebeca -. No refleja tu aspecto. Refleja como eres de verdad.

El caballero estaba intrigado, pero no entusiasmado. Nunca le habían importado mucho los espejos porque nunca se había considerado muy guapo. Pero Rebeca insistió, así que, de mala gana, se coloco ante el espejo y contemplo su reflejo. Para su gran sorpresa, en lugar de un hombre alto con ojos tristes y nariz grande, con una armadura hasta el cuello, vio a a una persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y compasión.

Estas viendo a tu yo verdaderoexplico Sam, al que vive debajo de esa armadura. Este es tu potencial: ser hermoso, inocente y perfecto.

– Si este es mi potencial –dijo el caballero -, algo terrible me sucedió en el camino.

– Si –replico Sam -, pusiste una armadura invisible entre tu y tus verdaderos sentimientos.

El caballero se dio cuenta de que se había pasado la vida intentando agradar a la gente. Pensó en todas las cruzadas en las que había luchado, los dragones que había matado y las doncellas en apuro que había rescatado: todo para demostrar que era bueno, generoso y amoroso. En realidad, no tenia que demostrar nada. Era bueno, generoso y amoroso.

El caballero se miró en el espejo otra vez. La amabilidad, la compasión, el amor, la inteligencia y la generosidad le devolvieron la mirada. Se dio cuenta de que todo lo que tenia que hacer para tener todas esas cualidades era reclamarlas, pues siempre habían estado ahí.

Antes este pensamiento, la hermosa luz brillo una vez mas, con mas fuerza que antes. Ilumino toda la habitación revelando para sorpresa del caballero, que el castillo tenia tan solo una gigantesca habitación.

Este castillo tiene un patio con un gran manzano en el centro.

– Oh, llevame a el -pidió el caballero ansioso, pues empezaba a tener hambre

Noto una inscripción grabada en una losa junto al árbol:

Por esta fruta no impongo condición, pero ahora aprenderás acerca de la ambición

El caballero suspiro, tomo una manzana y se sentó bajo el árbol con Rebeca y Ardilla.

¿Ustedes entienden? –les preguntó.

Ardilla negó con la cabeza.

El caballero miro a Rebeca, que también negó con la cabeza.

Pero lo que si se -dijo pensativa – es que yo no tengo ninguna ambición.

– Ni yo -intervino Ardilla – y apuesto a que este árbol tampoco tiene ninguna.

– Pero los humanos somos distintos –protesto el caballero -. Tenemos mentes.

– Nosotros también tenemos mentes –declaro Ardilla, un tanto ofendida.

Lo siento. Es solo que los seres humanos tenemos mentes mas complicadas que hacen que deseemos ser mejores –explico el caballero.

– ¿Mejores que que? – pregunto Merlín.

Mejores de lo que somos -respondió el caballero.

Naces hermosos, inocentes y perfectos. ¿Que podría ser mejor que eso?

– No, quiero decir que queremos ser mejores de lo que pensamos que somos, y mejores que los demás… yo siempre he querido ser el mejor caballero del reino.

– Ah, si –admitió Merlín. -, la ambición de tu complicada mente te llevo a intentar demostrar que eras mejor que otros caballeros. ¿Como podes ser mejor que otros caballeros si todos nacieron inocentes y perfectos como eran?

– Al menos era feliz intentándolo –replico el caballero.

– ¿Lo eras? ¿O es que estabas tan ocupado intentando serlo que no podías disfrutar del simple hecho de ser?

Me estas confundiendo –musitó el caballero- . Se que las personas necesitan tener ambición. Desean ser listas y tener bonitos castillos y poder cambiar el caballo del año por uno nuevo. Quieren progresar.

– Es mas complicado que todo eso –respondió el mago-. La ambición. que proviene de la mente te puede servir para conseguir hermosos castillos y buenos caballos. Sin embargo, solo la ambición. que proviene del corazón puede darte, ademas, la felicidad.

– ¿Que es la ambición. del corazón? –le cuestiono el caballero.

La ambición. del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.

– ¿Como? –pregunto el caballero, esforzándose por comprender.

Es aquí donde podemos aprender del manzano. Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro, que da generosamente sus frutos a todos. Cuantas mas manzanas saca la gente –dijo Merlín. Mas crece el árbol y mas hermoso deviene. Este árbol hace exactamente lo que un manzano debe hacer: desarrollar su potencial para el beneficio de todos. Lo mismo sucede con las personas que tienen ambiciones del corazón.

Pero -objeto el caballero – si me pasara el día regalando manzanas, no podría tener un elegante castillo y no podría cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo.

– Vos, como la mayoría de la gente, querés poseer muchas cosas valiosas, pero es necesario separar la necesidad de la codicia. Podes vender algunas de tus manzanas para pagar el castillo y el caballo. Pero después podes dar las manzanas que no necesitas para que los demás se alimentasen.

– Este mundo es mas fácil para los arboles que para las personas –dijo el caballero filosóficamente.

Es una cuestión de percepción –dijo Merlín -. Recibís la misma energía vital que el árbol. Utilizas la misma agua, el mismo aire, y la misma nutrición de la tierra. Te aseguro que si aprendes del árbol. podrás dar frutos y no tardaras en tener todos los caballos y castillos que desees.

¿Querés decir que podría conseguir todo lo que necesito simplemente quedándome quieto en mi propio jardín? –pregunto el caballero.

Merlín rio.

A los seres humanos se les dio dos pies para que no tuvieran que permanecer en un mismo lugar, pero si se quedaran quietos mas a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo que es la ambición del corazón.

El caballero pensó en si mismo: escuálido y con una barba que empezaba a tener mal aspecto. Estaba malnutrido, nervioso y exhausto por tener que arrastrar su pesada armadura. Había adquirido todo esto por su ambición mental y ahora comprendía que todo eso debía cambiar.

A partir de este momento, mis ambiciones vendrán del corazón.”, prometió el caballero. Mientras pronunciaba estas palabras, el castillo y Merlín desaparecieron, y el caballero se encontró otra vez en el Sendero de la Verdad, con Rebeca y Ardilla.

6. El Castillo de la Voluntad y Osadía

Confiado de que atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzo el puente levadizo con los animales.

Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazador dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca.

¿Que haces en el Castillo de la Voluntad y Osadía? –pregunto.

¿Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el Dragón del Miedo y la Duda.

El dragón volvió a vociferar:

Estoy aquí para acabar con todos los vivos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado por el Castillo del Conocimiento.

Rebeca susurró al oído del caballero:

– Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al Dragón del Miedo y la Duda.

El caballero dio media vuelta y cruzo el puente levadizo corriendo, en retirada.

¿Te retiras después de haber llegado tan lejos? –pregunto Ardilla.

Sam intervino.

¿Como te soportas si no tenes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tenes de vos mismo? El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “la verdad es mas poderosa que la espada”.

El caballero recordó que no necesitaba probar nada. Era bueno, generoso y amoroso. Por lo tanto, no debía sentir miedo ni dudas. El dragón no era mas que una ilusión.

Se dispuso a cruzar el puente con el pensamiento en la mente de que el dragón solo existía si el creía que existía.

El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego. Esta vez, sin embargo, el caballero siguió adelante. Pero el coraje del caballero no tardó en derretirse, al igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón. Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salio corriendo.

– Recordá que el dragón es solo una ilusión. –dijo Rebeca.

¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es una ilusión.?

– En efecto –respondió Rebeca -. El fuego también era una ilusión.

– Entonces, ¿como es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? –exigió el caballero.

Porque vos mismo hiciste que el fuego fuera real, al creer que el dragón es real – explico Rebeca.

Si crees que el Dragón del Miedo y la Duda es real, le das el poder de quemar tu trasero o cualquier otra cosa –dijo Ardilla.

Tienen razón –corroboro Sam – Debes regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.

– Mira – lo animo Sam-, si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si no te enfrentas a el, es seguro que te destruirá.

Esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: “El miedo y la duda son ilusiones”

El dragón lanzo gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero, por mas que lo intentaba, no lograba hacerlo arder.

Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas. Estas semillas – “las semillas de la duda” – tampoco lograron detener al caballero. El dragón se iba haciendo aun mas pequeño a medida que continuaba avanzando con determinación.

¡He vencido! –exclamo el caballero victorioso.

– Quizás esta vez, pero regresare una y otra ve para bloquear tu camino.

– Regresa siempre que quieras –le grito el caballero –. Cada vez que lo hagas, yo seré mas fuerte y tu mas débil. El conocimiento de uno mismo puede matar al “dragón del miedo y la duda”.

El caballero echo la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría. Podía ver la cima de la montaña. El sendero parecía aun mas empinado que antes, pero no importaba. Sabia que ya nada lo podía detener.

7. La Cima de la Verdad

Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el caballero escalo la montaña, con los dedos ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas. Cuando ya casi había llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino. Había una inscripción sobre el:

Aunque este universo poseo,

nada poseo,

pues no puedo conocer lo desconocido

si me aferro a lo conocido.”

El caballero reflexionó sobre algunas de las cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida. Estaba su identidad (quien creía que era y que no era). Sus creencias (aquello que el pensaba que era verdad y lo que consideraba falso). Y estaban sus juicios (las cosas que tenia por buenas y aquellas que consideraba malas)

¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?

Lo has captado, caballero –dijo Sam -. Tienes que soltarte

– ¿Que intentas hacer, matarnos a los dos? –grito el caballero.

– De hecho ya estamos muriendo ahora mismo –dijo Sam. Mirate. Estas tan delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estas lleno de tensiones y miedo.

– No estoy tan asustado como antes –dijo el caballero.

En ese caso, dejate ir y confiá dijo Sam.

¿Que confié en quien? – replico el caballero enojado.

– ¡No es un quien sino un que! –respondió Sam.

¿Un que? –pregunto el caballero.

Si –dijo Sam -. La Vida, la fuerza, el universo, Dios, como quieras llamarlo.

El caballero miró por encima de su hombre y vio el abismo aparentemente infinito que había debajo de el.

Dejate irle susurro Sam con urgencia.

El caballero no parecía tener alternativa. Perdida fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraba a la roca. Pensando que moriría, se dejo ir y se precipito al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.

Recordó de todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos, y a todo lo demás. A medida que caía en el vació, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.

Fue cayendo cada vez mas rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón. Luego, por primera vez en su vida, contemplo su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, acepto toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenia sobre ella y por los acontecimientos que le había dado forma.

A partir de ese momento, fuera de si mismo, nunca mas culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias. El reconocimiento de que el era la causa, no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenia miedo.

Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño sucedió: ¡Empezó a caer hacia arriba!

Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo mas profundo de el, con el centro de la Tierra.

Repentinamente, dejo de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca. Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído.

El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una sobrecogedora sensación de bienestar. Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba.

Su corazón rebosaba de amor: por si mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.

Sonrió a través de sus lagrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de el; una luz mucho mas brillante y hermoso que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.

Porque ahora el caballero era el arroyo. Era la Luna. Era el Sol. Podía ser todas estas cosas a la vez, y mas, porque era uno con el Universo.

Era Amor.

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