“Cuentos para pensar (1997) – Jorge Bucay”

¡Hola!

Aquí les voy a dejar la introducción de este libro escrito y publicado en 1997 por Jorge Bucay.

Si bien es solo la primera parte de lo que en realidad es un libro de cuentos, hallo que realmente vale la pena compartirla.

Estoy seguro de que si le dan una leída, va a resonar sobre ustedes mismos. Todo el merito es de Jorge.

Cuentos para Pensar

 

“Cuentos para pensar” (1997) – Jorge Bucay

Introducción

Creo que lo que me gustaría hoy es intentar escribir sobre algunas ideas-montaña, ideas-rió, ideas estrella con las que me he ido cruzando en mi camino.

Algunas verdades que seguramente son cuestionables para otros, lo serán también para mí, algún día. Pero hoy contienen, me parece la solidez y la confiabilidad que da la indiscutible mirada del sentido común.

I) El primero de estos pensamientos confiables forma parte inseparable de la filosofía gestáltica y es la idea de saber que:

Lo que es, es.

  El concepto, no por obvio menos ignorado, contiene en sí mismo 3 implicaciones que me parece significativo remarcar: saber que “lo que es, es” implica la aceptación de que los hechos, las cosas, las situaciones son como son.

La realidad no es como a mí me convendría que fuera.

No es como debería ser.

No es como me dijeron que iba a ser.

No es como fue.

No es como será mañana.

La realidad de mí afuera es como es.

   Pacientes y alumnos que me escuchan repetir este concepto se empeñan en ver en él un deje de resignación, de postura lapidaria, de bajar la guardia.

Me parece útil recordar que el cambio solo puede producirse cuando somos conscientes de la situación presente.

¿Cómo podríamos trazar nuestra ruta a Nueva York sin saber en qué punto del Universo nos encontramos?

Solo puedo iniciar mi camino desde mi punto de partida, y esto es aceptar que las cosas son como son.

La segunda derivación directamente relacionada con esta idea es que:

Yo soy quien soy.

  Otra vez:

Yo no soy quien quisiera ser.

No soy el que debiera ser.

No soy el que mi Mama quería que fuese.

Ni siquiera soy el que fui.

Yo soy quien soy.

   De paso, para mí, toda nuestra patología psicología proviene de la negación de esta frase.

Todas nuestras neurosis empiezan cuando tratamos de ser quien no somos.

En “Déjame que te cuente”… escribí sobre el autorechazo:

 

“…Todo empezó aquel día gris

en que dejaste de decir orgulloso:

¡Yo soy!

Y, entre avergonzado y temeroso,

Bajaste la cabeza

Y cambiaste tus palabras y actitudes

Por un pensamiento:

Yo debería ser…”

 

… Y si es difícil aceptar que yo soy quien soy, cuanto más difícil no es, a veces, aceptar la 3ra derivación del concepto: “lo que es, es”:

Tú… eres quien eres

  Es decir:

Tú no eres quien yo necesito que seas.

Tú no eres el que fuiste.

Tú no eres como a mí me conviene.

Tú no eres como yo quiero.

Tú eres como eres.

  Aceptar eso es respetarte y no pedirte que cambies.

Hace poco empecé a definir el verdadero amor como la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es.

Esta primera “verdad” es el principio (en sus 2 sentidos de 1ro y de primordial) de toda relación adulta.

Se materializa cuando yo te acepto como tú eres y percibo que tú también me aceptas como yo soy.

 

II) La segunda verdad que creo imprescindible la tomo de la sabiduría sufí:

Nada que sea bueno es gratis.

  Y de aquí se derivan, para mí, por lo menos dos ideas.

La primera: si deseo algo que es bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello. Por supuesto, ese pago no siempre es dinero (si fuera solo en dinero, ¡sería tan fácil! Este precio es a veces alto y otras muy pequeño, pero siempre existe. Porque nada que sea bueno es gratis).

La segunda: Darme cuenta de que si algo recibo de afuera, si algo bueno me está pasando, si vivo situaciones de placer y de goce es porque me las he ganado. He pagado por ellas, me las merezco (solo para alertar a los pesimistas y desalentar a los aprovechados, quiero aclarar que los pagos son siempre por anticipado: lo bueno que vivo ya lo he pagado: ¡No hay cuotas a plazo!)

Algunos de los que me escuchan decir esto me preguntan:

¿Y lo malo?

¿No es cierto que lo malo tampoco sea gratis?

Si me pasa algo malo ¿es también por algo que hice? ¿Por qué de alguna manera me lo merezco?

Quizás sea cierto. Sin embargo, estoy hablando de verdades para mi incuestionables, sin excepciones, universales. Y para mí la aseveración de que me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo no es necesariamente cierta.

Puedo asegurar que conozco algunas personas a las que le han acontecido hechos desgraciados y dolorosos que, sin duda alguna, ¡No merecían!

Incorporar esta verdad (nada que sea bueno es gratis) es abandonar para siempre la idea infantil de que alguien debe darme algo porque sí, porque yo lo quiero, que la vida tiene que procurarme lo que deseo, solo porque lo deseo, de pura suerte, mágicamente.

 

III)  Y la tercera idea que creo que es un punto de referencia podría enunciarla de la siguiente manera:

  Es cierto que nadie puede hacer todo lo que quiere, pero cualquiera puede no hacer nunca lo que no quiere.

  Me repito a mí mismo:

Nunca hacer lo que no quiero.

   Incorporar este concepto como una referencia real, es decir, vivir coherentemente con esta idea no es fácil. Y sobre todo no es gratis (nada que sea bueno lo es, y esto es bueno).

Estoy diciendo que si soy un adulto, nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer. Lo máximo que puede pasarme, en todo caso, es que el precio sea mi vida (no es que yo minimice este coste, pero sigo pensando que es diferente creer que no puedo hacerlo, a saber que hacerlo me costaría la vida).

Sin embargo, en lo cotidiano, en el pasar de todos los días, los precios son mucho más bajos. En general, lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran (el coste, como a mí me gusta llamarlo, es que cuando uno se atreve a decir que “no” empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda, y todas esas otras partes que se ven solo cuando el otro se va).

Estas 3 verdades son para mi Ideas-montaña, Ideas-rió, Ideas-estrella.

  Verdades que continúan siendo ciertas a través del tiempo y de las circunstancias.

Conceptos que no son relativos en determinados momentos, sino verdaderos en todos y cada uno de los instantes que, sumados, solemos llamar “nuestra vida”.

Verdades – montaña: Para poder construir nuestra casa sobre una base sólida.

Verdades – rio: Para poder calmar nuestra sed y para navegar sobre ellas en la búsqueda de nuevos horizontes.

Verdades – estrella: Para poder servirnos de guía, aun en nuestras noches más oscuras.


 

¡Muy bien!

¡Ojala les haya gustado!

¡Gracias por leer!

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